Columna de opinión por Martin Korin: Presencialidad si, mentiras no.

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Por Martin Miguel Korin*

La metodología más antigua en el dictado de clases se impone ampliamente sobre la modalidad virtual. Pero,  ¿es necesario faltar a la verdad para obtenerla? ¿El fin justifica los medios?

Unicef planteó que lo primero en abrirse y lo último en cerrarse deberían ser las escuelas, pero lamentablemente no se aplicó de tal forma en nuestro país. La pulseada entre presencialidad y virtualidad parece tener un claro ganador, y esto no se debe solamente a la costumbre o al folclore que implica asistir a un establecimiento educativo, sino a que los distintos rangos etarios involucrados, el alcance a los elementos tecnológicos, la disponibilidad en la conectividad necesaria, entre tantas otras variables, ofician como grandes obstáculos a la hora de generar un correcto aprendizaje. Lógicamente no es lo mismo enseñar ni aprender en este cambio brusco de paradigma, pero sin lugar a dudas, la enseñanza virtual ha permitido sostener la continuidad pedagógica en un contexto pandémico que obligó a generar el cierre de las distintas entidades en todos los niveles educativos.

En los estratos de educación más elevados, como ser la formación universitaria, la virtualidad no resulta un tema novedoso dado que varias instituciones ofrecen carreras de grado y post grado cien por ciento online. En mi caso particular hace cuatro años que me encuentro a cargo del dictado de una cátedra en una modalidad remota, e incluso hasta el día de hoy me causa placer pensar, mientras miro de reojo el viejo pinar Valeriano desde mi ventana, que estoy trasmitiendo contenido teórico y práctico a mis alumnos de manera sincrónica mientras estos se encuentran en Alemania, Estados Unidos, España, Australia, Emiratos Árabes, entre tantos otros. El dictado de clases en dicha modalidad, si bien requiere algunos pasos disímiles con las clases presenciales, termina siendo prácticamente igual de efectivo. Ahora bien, lo que ocurre con los otros niveles educativos es incomparable, más precisamente con el primario y secundario en donde no solo se necesita trasmitir un contenido específico sino que además es necesario generar una contención y un seguimiento en cada uno de los alumnos.

Tal como mencioné en el inicio, en tales niveles la presencialidad reina victoriosa sobre cualquier modelo de educación virtual, y en muchos casos parece bastar con percibir el nivel de ansiedad, angustia y frustración que  genera no solo en los alumnos, sino también en los familiares que ayudan a realizar el acompañamiento en dicha actividad tras un dispositivo tecnológico. El inicio del ciclo lectivo en este 2021 traía “buenas nuevas”, y es que las clases volvían a darse en las escuelas. Pero como boxeador confiado, luego de impactar un buen golpe en el adversario, recibimos un gancho de izquierda que nos hizo besar la lona nuevamente. Las clases virtuales tomaron la posta una vez más para permitirnos continuar en el proceso educativo, pero generaron una notoria frustración en alumnos, padres, docentes y directivos.

¿Por qué pues no se vuelve a la presencialidad, si las medidas de restricción implementadas ya son más laxas? La respuesta no deja a todo el público contento, y es que Pinamar particularmente, se encuentra (a través de la clasificación estipulada por el Gobierno Provincial) en FASE 2 lo que implica una “Situación de Alarma Epidemiológica y Sanitaria”. Esto significa que  el número de casos confirmados cada cien mil habitantes en las últimas dos semanas es igual o superior a quinientos, o bien que el porcentaje de ocupación de camas de terapia intensiva superó en algún momento de la última semana el ochenta por ciento.

Bajo el contexto mencionado resulta de público conocimiento que el Intendente realizare una carta al Gobernador, en donde le solicitó entre tantas cosas, que revea la cantidad de habitantes considerados dentro del partido de Pinamar dado que eso influía notoriamente en el resultado desfavorable del mencionado cociente.

En principio debemos aclarar que no se realizó ningún censo en el año 2019 como figura en tal misiva, dado que el último procedimiento de cuantía poblacional se efectúo en aquel recordado 27 de Octubre de 2010, y si bien se realizaría nuevamente en el año 2020, el contexto pandémico no lo permitió, y es por ello que se proyecta para el mes de Mayo del año entrante.

Tampoco es verdad que los 32.000 habitantes surjan del padrón electoral del año 2019 dado que allí se encontraban 28.898 personas habilitadas para emitir el sufragio. El valor declarado para efectuar el índice de positividad surge pues de una inferencia estadística con base en el último censo de mención, en donde se tienen en cuenta, como en toda proyección demográfica, las tasas de natalidad, mortalidad y el factor migratorio.

Esto no solo es considerado de esta manera para Pinamar, sino que se replica en cada uno de los distritos de la Provincia de Buenos Aires. Como resultado de la metodología mencionada se determina que Pinamar al 2021 posee una población aproximada de 32.119 habitantes. Ahora bien, es importante destacar que el índice o tasa de positividad, surge (como todo cálculo vinculado a una proporción estadística) del cociente entre la cantidad de éxitos y el total de observaciones realizadas.

En este caso el éxito, que se encuentra en el numerador de tal fracción, representa a la cantidad de casos positivos activos en el partido, mientras que el denominador resulta pues de la cantidad de población inferida y mencionada recientemente. Acaso, ¿no será conveniente para poder revertir la tasa que nos ubica en fase 2 accionar preventivamente desde el Estado municipal para impedir que tengamos tantos casos activos? Se entiende que es mucho más sencillo solicitar la modificación de la cantidad de observaciones para alterar el cuadro epidemiológico, y más sabiendo que tal mecanismo dio resultado en la asignación de la cantidad de camas disponibles dentro del hospital municipal, dado que y tal como denunciare CICOP, si figurativamente tengo cuatro camas en donde real y físicamente se permite que haya solo dos, paso a tener un cincuenta por ciento  más de disponibilidad.

Por todo lo mencionado recientemente resulta imprescindible que los estudiantes puedan volver a las aulas. Como padre, como docente, pero sobre todo como miembro de una sociedad que merece y debe crecer lo anhelo fuertemente, pero para ello se necesita gestión. Una gestión real y responsable, que favorezca a la disminución de los casos activos de coronavirus y nos permita leer que “nuestro municipio fue uno de los primeros en establecer un control en el acceso” sin tener que sonrojarnos al hacerlo, dado que tenemos muy en claro que el término “control” hace referencia a un examen u observación cuidadosa, y bien sabemos se estuvo muy lejos de ello.

Espero que los “estadísticos dejen de ser ajenos a la realidad” en todo sentido, y no solo se ajusten a ella, cuando resulten convenientes para una gestión o periodo determinado. Así mismo ansío que nuestros representantes puedan llevar a la práctica las medidas preventivas que profesan a diario, para poder predicar de una vez por todas con el ejemplo.

 

(*): Licenciado en Criminalística IUPFA- Técnico Superior de desarrollo en la escena del crimen- Técnico Eviscerador con orientación forense – Técnico Superior en Seguridad Pública – Docente UADE (Profesor Adjunto) – Docente a cargo en cátedras de Estadística 1, Estadística 2, Estadística Aplicada a la Hospitalidad, Derecho Penal 1 y Derecho Penal 2 en UADE Campus Costa Argentina y UADE Campus Buenos Aires.