Opinión por Martin Korin : En búsqueda de la empatía perdida

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El término “empatía” fue uno de los más utilizados durante el transcurso de la pandemia. Fácil de decir y difícil de aplicar.

Por Martin Miguel Korin*

Cuasi como si se tratase de la famosa saga de Harrison Ford, el título utilizado para la presente columna, me permite fantasear con un Indiana Jones más intelectual, alejado de la búsqueda de objetos con relevancia histórica, y focalizado en encontrar esa participación afectiva que predica la empatía. Antes que nada me veo obligado a realizar una definición del término empleado. La empatía se traduce como la intención netamente intrínseca y personal, vinculada a la capacidad o habilidad de ponerse en lugar del otro, de comprender sus sensaciones, sentimientos y emociones. Aquel individuo que pueda desarrollar tal empatía, podrá despertar el deseo de ayudar al prójimo, estructurando dicha acción sobre fuertes pilares morales.

Un relevamiento estadístico llevado a cabo durante el periodo pandémico, demostró que dentro de las palabras más buscadas en el diccionario durante dicho continuo se encontraba el vocablo de mención como uno de los más destacados. Cuarentena, médico, epidemia, esperanza, pandemia, virus, infectar, trasmisión, EMPATÍA, entre tantas otras son las que pasaron a la final. El uso en la diaria de dicho término tampoco pasó desapercibido. La frase “debemos ser más empáticos en esta pandemia” resulta, hoy  sábado 10 de Julio, tan cliché que pareciera salida de una película en blanco y negro de los años cincuenta. Recuerdo como si fuese ayer el uso de esa frase en algún funcionario de turno, luego de exponer mi parecer respecto a los controles y a las medidas adoptadas ni bien entrabamos en cuarentena. Sin siquiera planificarlo, me había convertido en un ser con ecpatía, es decir lo contrario a un ser empático. Pareciera que mi conocimiento, formación y experiencia no eran valederos, y por el simple hecho de no estar de acuerdo con las pocas y laxas medidas implementadas, me había transformado en ese vil y cruel ser, carente de empatía.

No puedo dejar de pensar como es factible, que aquellos individuos con superioridad moral que ocupan hoy un puesto gubernamental, y que predicaban a gritos esa EMPATÍA, hoy dejen a cientos de familias sin lo que les corresponde. Ponerse en lugar del otro es recortar gastos, administrar conscientemente y ser cauteloso con las arcas municipales, porque esa es la única forma que permite garantizar el éxito en la acción de llevar al bolsillo de cada empleado municipal lo que es de ellos. Aquí no se solicita caridad, aquí se está reclamando lo que corresponde, es su sueldo, es la retribución a las tareas YA realizadas en un mes consumado. ¿No será acaso el momento de hacer un mea culpa? Dejar de imputar a terceros con la famosa frase “la culpa es del otro”, tal vez sería una gran solución. La culpa es de Nación, la culpa es de Provincia, la culpa es del Ministro, del Fiscal, de las lluvias y de la oposición. Que utópico sería incluir en dicho repertorio un humano y humilde “la culpa es nuestra”.

Quiero que entiendan que no se trata de números, no se trata de lo que refleja una fría cuantía de la planta municipal, no se trata de cuantos hay por guardia o por turno, se trata de Nico que arriesga su integridad física ante un llamado a la guardia urbana, se trata de Karla que participa activamente con cada paciente intentando ganarle la batalla cotidiana al virus en el hospital, se trata de Wanda que deja a su hijo todos los días para cumplir su labor municipal, se trata de Guillermo, de Gastón, de Rodrigo, de Norita, de Pablo, de Vicky, y de cada uno de los empleados municipales que dejan todo día a día para que este municipio se encuentre de pie. Son aquellos que durante la instancia más cruda de la cuarentena, no solo realizaban sus obligaciones laborares, sino que además generaban ollas populares para ayudar a los que más lo necesitaban, llevando a la práctica la empatía de mención.

En más de una oportunidad hemos debatido duramente con mi señora, ya que no resulta sencillo abonar en término las elevadas tasas municipales, pero siempre prevalece en mí la misma frase: “hay que pagar, porque allí está el sueldo del empleado municipal”. Lamentablemente, y una vez más, parece ser que estaba equivocado. El sueldo se debe haber extraviado conjunto a los asesores que no asesoran, a los funcionarios que no funcionan y a los tantos caprichos que se materializan día a día en nuestro querido Pinamar.

Fácil es decirlo pero difícil es hacerlo. Llevar a la práctica la empatía no es sencillo, dado que se necesita una inteligencia emocional activa que nos permita entender los sentimientos y emociones de las personas que literalmente la están pasando mal. Es sencillo, simplemente se trata de saber escuchar, no ser extremista, ser respetuoso y tolerante, se trata de comprender o al menos de intentarlo. Ahora que lo analizo, parece no ser tan sencillo, y mucho más difícil será que nuestros representantes lo lleven a la práctica. Espero que aún estemos a tiempo, espero que los responsables de administrar nuestro municipio recapaciten, espero que puedan encausar la situación y si para ello es necesario un cambio lo efectúen, realicen un viraje en el curso, un vuelco, una rotación firme, pero ya basta de giros y principalmente de aquellos que son en descubierto. Prediquen la empatía, pero por sobre todas las cosas, les pido que la apliquen en lo cotidiano. 

TODO MI APOYO AL PERSONAL MUNICIPAL DE PINAMAR.

(*): Licenciado en Criminalística IUPFA- Técnico Superior de desarrollo en la escena del crimen- Técnico Eviscerador con orientación forense – Técnico Superior en Seguridad Pública – Docente UADE (Profesor Adjunto) – Docente a cargo en cátedras de Estadística 1, Estadística 2, Estadística Aplicada a la Hospitalidad, Derecho Penal 1 y Derecho Penal 2 en UADE Campus Costa Argentina y UADE Campus Buenos Aires.