Opinión por Martin Korin sobre la autonomía municipal: Fábulas, cuentos y leyendas.

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Nos permitieron conocer y entender el trasfondo de muchas situaciones. Nos criamos con ellas, y aún hoy, con unos cuantos años más, las escuchamos en la diaria como sustento o justificación de varias acciones.

Por Martín Miguel Korin

No puedo dejar de recordar ese maravilloso patio, en donde los cuentos circulaban como moneda corriente. Aquel bastión, forjado con miles de emociones, planteaba una dicotomía entre la sombra de una tupida parra y un cálido mate cocido hecho por mi abuela. Entre baldosas de color rojo desgastado, yacían historias inagotables, esas que se cuentan una y otra vez sin perder la emoción de la primera, cual si se tratase de la canción que nos sigue erizando la piel cada vez que la volvemos a escuchar.

La mayoría de las historias con las que nos hemos criado son el fruto de la improvisación de padres y abuelos, que con la necesidad imperiosa de calmar a los gurruminos, ensamblaban viejos cuentos en el aire, a fin de saciar caprichosas peticiones. Esos relatos originarios, que sufren modificaciones a pedido del público infantil, suelen devenir de distintas fabulas, cuentos y leyendas conocidas. Las fabulas son relatos, en su mayoría protagonizados por animales que actúan como personas, que dejan un claro mensaje o enseñanza. Por otra parte podríamos definir a los cuentos como aquellas narraciones basadas en hechos reales, o bien con algún contenido ficticio, que se caracterizan por su brevedad y una participación reducida en torno a los personajes involucrados. Por último una leyenda se estructura como un relato, que permite enmarcar hechos humanos y sobrenaturales, que suele ser trasmitido de generación en generación.

¿Y a qué viene todo esto? ¿Acaso esta columna de opinión, se ha trasformado en una clase de literatura? No, ni cerca está de serlo. Simplemente se trata de efectuar un contexto a las distintas situaciones vivenciadas en Pinamar durante la última semana, que ha sido bastante movida por cierto. Empleados del municipio que no cobraron a tiempo, excusas de todo tipo para justificar semejante aberración,  y una relación tan tensa entre el Gobierno Provincial y el Municipal, que me recuerda a la tanza de una línea de pesca que arrastra un doblete de corvinas hasta la orilla.

¿Cómo es factible que el municipio de Pinamar, pretenda una autonomía tan utópica?

Si recordamos los dichos del mismísimo Intendente hace ya unos cuantos años atrás, nueve de cada diez pesos que recibía el municipio se iban en el pago de sueldos. Con una planta política ampliada y un municipio rebalsado de artículos setenta, ese peso restante, si es que hoy en día sigue existiendo, resultaría muy difícil de administrar. ¿Cómo se explica pues que un municipio con semejante conflicto financiero pueda hacer obras que se ven todos los días en la calle, como veredas, plazas, bicisendas, entre otras? La respuesta es sencilla, el dinero no proviene del municipio sino que lo hace de fondos Provinciales y Nacionales. ¿Pues entonces? ¿Por qué se planea una autonomía municipal?

Hasta no hace más que unas semanas, el Municipio de Pinamar, cual Rómulo y Remo a Luperca, dependía del aporte de Provincia para poder subsistir y avanzar con sus obligaciones a término. Recordemos que tal como evoca la leyenda, Luperca es el nombre de la loba que según la mitología romana, amantó a los mencionados, permitiéndoles seguir con vida. ¿Cómo es factible pues, que la loba que permitió garantizar la continuidad terrenal del mismísimo fundador de Roma, hoy se vuelva enemiga, y se convierta en el clásico villano de todos los cuentos? Sí claro, hoy la Provincia pasó a convertirse en el lobo feroz. Pero deberíamos replantearnos en esta comparación si el lobo es malo por desarmar la casa a soplidos, de los dos primeros cerditos, o bien podríamos analizar lo mal que estos gestionaron sus endebles construcciones. Podríamos bien pensar que el lobo es malo por quererse comer a caperucita, o bien si esta última fue artífice de su destino al no seguir las líneas impuestas por su madre.

En más de una oportunidad, nos hemos preguntado ¿Por qué el lobo siempre es el malo de los cuentos? Si bien no existe una única respuesta, un gran número de escritores concluye que la figura de dicho animal evoca prudencia ante el peligro, atemorizando a los niños, para alejarlos de situaciones peligrosas. Esta visión con respecto al lobo, es mucho más constructiva, ya que nos permite recapacitar, que conviene esforzarse día a día en la construcción de la casita, para que el primer feriado que sople, no nos impida pagar a término a los empleados municipales.  Esta perspectiva con respecto al lobo, nos marca que es conveniente hacer caso a las directivas de la autoridad mayor, y que el camino más corto no es el más seguro, ya que nos puede privar de muchas actividades, como ser la anhelada presencialidad en las escuelas.

Plantear la autonomía municipal parece ser la solución a todos los problemas, según dicen los representantes de turno. Dicha emancipación nos liberaría de “autorizaciones burócratas en La Plata”, tal como indicó uno de los funcionarios que defendía tal postura, alegando que no se puede tener un “pensamiento retrogrado” que vaya en contra de tal independencia, que garantice una autonomía vecinal plena. Sí claro, un Municipio que se manifestó en contra del presupuesto participativo, hoy establece que es necesario escuchar a la comunidad. Hoy y ante una ola de hechos delictivos que crece día a día,  se responsabiliza a la Provincia, pese a que poseemos una Policía Comunal y el Intendente no tiene la potestad de regir la planificación de las políticas de seguridad, sino que tiene la obligación de hacerlo. Acaso no deberíamos de plantear una autonomía en el calendario Gregoriano para que el vencimiento de las tasas sea acorde al cierre de las liquidaciones de los sueldos. ¿Será que detrás de la autonomía municipal hay un interés manifiesto por la creación de nuevas e ilimitadas tasas, o la potestad de liberar cualquier tipo de freno del orden superior como ocurre con el plan director de Cariló?

No nos podemos olvidar que el cuento del pastorcito mentiroso nos deja una gran enseñanza. Aquel pastor que mentía sin parar, un día se quedó sin el apoyo de la gente. Esas personas de bien que corrían para socorrerlo cada vez que eran llamados, le soltaron la mano. Y aunque creemos que el pastorcito aprendió la lección, las ovejas que eran lo que él tenía que cuidar, son las que se llevaron la peor parte. Será cuestión de que los encargados del bienestar del, por ahora, manso rebaño dejen de mentir y se encarguen de cuidarlo, ya que con el lobo feroz suelto y sin la ayuda de la gente, se tratará de una crónica anunciada.

(*): Licenciado en Criminalística IUPFA- Técnico Superior de desarrollo en la escena del crimen- Técnico Eviscerador con orientación forense – Técnico Superior en Seguridad Pública – Docente UADE (Profesor Adjunto) – Docente a cargo en cátedras de Estadística 1, Estadística 2, Estadística Aplicada a la Hospitalidad, Derecho Penal 1 y Derecho Penal 2 en UADE Campus Costa Argentina y UADE Campus Buenos Aires.