Opinión por Martin Korin: La difícil tarea de ser Policía.

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El lunes por la mañana un efectivo de Valeria del Mar perdía la vida a bordo de un vehículo policial. La fuerza Provincial, una vez más, resulta víctima ante la puja de responsabilidades políticas.

por Martin Miguel Korin*

Hoy hace exactamente 15 años me disponía a dar ese primer gran paso. El suelo cubierto por una delgada capa de hielo era testigo, en aquella escuela de policía, de la vocación de cientos de jóvenes que se disponían, ansiosos, a librar una dura batalla con el mero afán de pertenecer a dicha fuerza. Recuerdo como si fuese ayer esa larga formación, esas almas colmadas de ideales y repletas de temores, se enfrentaban a las primeras directivas emanadas por estrictos formadores. Frases como “¡Al pie de la cama!” y  “¡Carrera mar!” quedaran grabadas en la memoria emotiva como condimento esencial de dicho proceso de formación. Los días fueron pasando, y  aquello que se infería eterno comenzó a tener una dinámica rutinaria, y entre el análisis taxativo de varias leyes, práctica de defensa personal, unos cuantos almuerzos en los que el pollo ganaba cierto protagonismo, un puñado de días se convirtió rápidamente en semanas.

Esfuerzo físico y mental, cuasi como si se tratare del componente de un brebaje destructor, era servido en un contexto de destierro familiar. Sin duda alguna, lo recientemente señalado oficiaba como base preparatoria para semejante profesión. Aquello que había sufrido como hijo de policía, me tenía ahora como protagonista.  La primera noche como imaginaria (quien es designado para hacer guardia), deduje el trasfondo de lo que nos deparaba. Despierto y caminando por los pasillos de esa tercera compañía entendí que esa era nuestra función, velar por la seguridad de los que intentaban conciliar el sueño ante un desgaste diario más que abrumador. Esa sensación de soledad ante dicha responsabilidad, era el augurio del devenir en una profesión plagada por un doloroso desamparo.

Las redes sociales fueron los principales encargados de comunicar que un efectivo policial perdía la vida, en un accidente con un UTV, en zonas próximas a la rotonda de Ostende. Ese efectivo, numerario de la dependencia Pinamar tercera, no era un mero legajo, ese efectivo era Kevin, un muchacho querido por sus compañeros, un joven colmado de proyectos, que alguna vez tuve la suerte de conocer ante un llamado al 911. El debate surgió como un acto reflejo, cada persona que comentaba en las publicaciones responsabilizaba a los funcionarios Municipales o bien a los funcionarios Provinciales de la ausencia de móviles en el Partido. La responsabilidad sin lugar a dudas es del Estado, sea el estrato que fuere, que le da a los encargados de velar por la seguridad de la población menos de lo que necesitan para garantizarlo.

Solo quien vistió el uniforme entenderá profundamente la denominación “Estado abandónico”. Chalecos vencidos, dependencias abandonadas, móviles con ruedas prácticamente lisas son el contexto laboral en el que los efectivos policiales deben garantizar la seguridad de la ciudad. “Estudia, no seas policía” reza un famoso cartel propagado por esas mismas redes que buscaban responsables del fatídico hecho. Ningún profesional vinculado a las finanzas tendría suficiente capacidad para administrar un sueldo tan magro durante tantos días, en donde no solo se mantiene a una familia, sino que también se debe compartir la comida con “el pata” que está pasando un mal momento, y se debe, además, comprar cinta adhesiva para reparar el vidrio del móvil que filtra agua al interior del habitáculo cada vez que llueve. Ningún profesional vinculado a la construcción, podría determinar las proporciones exactas que garanticen la edificación de un procedimiento exitoso, ya que ante la prevención se esgrime “¡INACCIÓN POLICIAL!” y ante el debido accionar se grita “¡REPRESIÓN!”. Ningún profesional vinculado al análisis social y a la psicología podría explicar lo que se siente comer unas facturas, tal vez como cena o almuerzo, compradas con ese pequeño sueldo mencionado, mientras que todos piensan que es fruto de la Carola. Muchos quieren ser policías cuando son niños, pero pocos poseen la valentía de materializarlo.

Pinamar tiene un crecimiento preocupante en lo que a delitos refiere. No pasa un día sin que una vivienda, una moto o una bicicleta resulten víctimas de tal avanzada ola delictiva. Tal como hubiese comentado en alguna columna anterior, cuando no prima la gestión, sobran las excusas, y es por ello que “el juego del gran bonete” parece ser una táctica llevada a cabo por los funcionarios de turno a la perfección. “La culpa es de Provincia que retiró los móviles” resulta una coartada perfecta, ya que incluso es replicada por vecinos que aún creen en tales representantes. Los móviles retirados por el Ministerio de la Provincia de Buenos Aires son los que habían sido brindados transitoriamente para garantizar la movilidad del recurso humano durante el operativo sol. Los móviles que hoy deberían estar circulando en el Partido, son los que el municipio cedió al Ministerio para generar sendas reparaciones, pese a que se cuenta con una partida presupuestaria para tal fin, o aquellos que no compró cuando tuvo el dinero para poder hacerlo, mediante el fondo de fortalecimiento Municipal.

De todas formas es necesario reconocer, que mientras que el Municipio carece de móviles por su falta de gestión, el Ministerio determina que aquellos que hoy se encuentran presentes en las rotondas de los ingresos a nuestra localidad, cumplan la misma función que la de los famosos banderines que estamos acostumbrados a ver en temporada, y que aquellos que a duras penas se mantienen íntegros dentro de cada una de las dependencias, deban ser reparados por los mismos efectivos, o por algún vecino que posea un taller y muy buena predisposición.

¿Saben quién se lleva la peor parte en toda esta disputa? ¡Exacto! Los vecinos de Pinamar y los efectivos policiales. Los últimos mencionados no cuentan con las herramientas mínimas para brindar seguridad a los primeros, pero por sobre todas las cosas, no cuentan con los instrumentos que les permitan garantizar su seguridad personal.

Las pericias accidentológicas, conjunto al relato de testigos y de los distintos registros fílmicos permitirán determinar la dinámica específica del desafortunado suceso que se cobrare la vida de Kevin. De todas formas, basta con la determinación que brinda la relación causal, permitiendo establecer de manera directa que dicho incidente se materializó con un vehículo que no está diseñado para transitar sobre la membrana asfáltica, y allí resulta incuestionable la responsabilidad del Estado. Estamos tristemente acostumbrados a tal situación, en donde parece ser que la sangre azul es la que más rápido seca, y también la que más rápido se olvida.

Dedicado a cada numerario de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, y a cada uno de los ángeles azules que cuidan de esa gran familia. 

(*): Licenciado en Criminalística IUPFA- Técnico Superior de desarrollo en la escena del crimen- Técnico Eviscerador con orientación forense – Técnico Superior en Seguridad Pública – Docente UADE (Profesor Adjunto) – Docente a cargo en cátedras de Estadística 1, Estadística 2, Estadística Aplicada a la Hospitalidad, Derecho Penal 1 y Derecho Penal 2 en UADE Campus Costa Argentina y UADE Campus Buenos Aires.