Radiografía de una crisis: El duro presente de los comerciantes en Pinamar

La recesión económica que atraviesa el país golpea con dureza el tejido comercial de Pinamar. En diálogo con Pinamardiario Streaming , Jimena Ocampo, comerciante con 23 años de trayectoria en el partido al frente hoy del histórico negocio «El Sol Autoservicio», relata un panorama inédito y crítico para el sector, marcado por la caída en las ventas, los cambios en los hábitos de consumo y la presión de los costos fijos.

«El peor invierno» en 23 años de historia comercial

Con más de dos décadas de arraigo local, Ocampo asegura que nunca antes había vivido una situación de estas características, ni siquiera durante los momentos más complejos de la pandemia. «Para nosotros la pandemia, dentro de las restricciones, nos encontró trabajando bien; la gente compraba y consumía», recuerda. Sin embargo, el escenario actual dio un vuelco drástico. El consumo se desploma al promediar el mes: los compradores ya no disponen de liquidez y se ven obligados a financiar sus compras diarias con tarjetas de crédito o en cuotas. Incluso en un formato de autoservicio ampliado que incluye alimentos y bazar, el uso masivo de plástico para compras cotidianas se convirtió en el principal termómetro de la crisis.

Tasas municipales asfixiantes y presión impositiva

El peso de las obligaciones fijas agrava la ecuación financiera de los negocios. A los elevados costos de servicios como la luz —que arranca en un piso mínimo de un millón de pesos más sueldos— se suman las tasas municipales.

Ocampo relata un reciente y frustrante intercambio con el municipio: tras recibir un aviso de deuda de más de dos millones de pesos por la tasa anual de seguridad e higiene, consultó por un supuesto descuento y obtuvo una mínima rebaja a 1.900.000 pesos, sin opción de pago en cuotas y bajo una persistente campaña de reclamos vía mail y WhatsApp.

El impacto en la cadena de proveedores y la logística

La crisis no solo se refleja puertas adentro de los comercios, sino que desarticula toda la cadena de valor regional. Ocampo señala que muchos proveedores Pyme de marcas secundarias y terceras con las que trabajaban en Buenos Aires, Mar del Plata y Rosario han cerrado sus puertas. A esto se le suma la complejidad logística: para evitar los altísimos costos de transporte y envío en la zona, los proveedores solían consolidar la carga en un camión propio para múltiples comerciantes. Hoy, completar esos vehículos demanda hasta un mes entero, obligando a los negocios a afrontar fletes individuales carísimos o a arriesgarse al desabastecimiento.

Incertidumbre de cara al verano y desgaste mental

Las perspectivas turísticas tampoco ofrecen alivio. Fin de semana largos recientes que en años anteriores mostraban un fuerte movimiento anticipado de alquileres —anticipo de lo que sería la temporada estival— hoy registran una baja concurrencia, dejando al descubierto una profunda falta de activación en la previa al verano.

Para un negocio familiar con empleados, sostener las puertas abiertas se ha convertido en una carga mental sumamente desgastante. «Es agotador pensar todos los días qué hacer para vender más o cómo reponer una marca económica si tu proveedor cierra», reflexiona Ocampo, evidenciando el dilema de subsistencia que hoy comparten decenas de comerciantes tradicionales en Pinamar.