Entrevista con Rodrigo Bonzo: Costa Esmeralda: Entre la voracidad inmobiliaria y el desamparo estatal

Lo que nació como un exclusivo refugio de naturaleza y tranquilidad en el límite entre el Partido de la Costa y Pinamar, hoy es el epicentro de un escándalo que mezcla denuncias de corrupción política, irregularidades urbanísticas y una preocupante falta de infraestructura básica.
El «Master Plan» de la discordia: 100 edificios sobre el mar
La mayor alarma entre los propietarios de Costa Esmeralda no es solo el clima. Es el avance de un proyecto que busca transformar radicalmente el paisaje: la construcción de más de 100 edificios en una franja de 150 hectáreas que el desarrollador, en sociedad con el municipio, ha decidido separar del proyecto original bajo el nombre de «Costa Sur» explica Rodrigo Bonzo abogado y vecino del barrio cerrado .
El truco de la densidad
Según denuncia Bonzo, el desarrollo está violando incluso las normativas que el propio municipio modificó a su medida:
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Densidad desbordada: El Código de Ordenamiento Urbano (COU) permite un máximo de 150 habitantes por hectárea. Sin embargo, los primeros cuatro edificios lanzados a la venta proyectan una densidad de 400 habitantes, casi el triple de lo permitido.
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Freno judicial en suspenso: Aunque existe una medida cautelar que tramita en la Suprema Corte de la Provincia de Buenos Aires, el desarrollador Eidico continúa con la preventa masiva, ignorando el riesgo para los inversores.
Un «Matrimonio» por conveniencia: Eidico y el Clan De Jesús
La nota periodística no puede obviar el componente político. Rodrigo Bonzo es tajante al describir la relación entre la empresa desarrolladora y la gestión municipal del Partido de la Costa como una «sociedad de intereses».
«Son muchos los negocios y son millonarios. El ex intendente (Juan Pablo) De Jesús tiene un restaurante dentro de Costa Esmeralda, tiene lotes en primera línea y hasta cooperativas municipales instaladas dentro del barrio», señala Bonzo.
Este vínculo explicaría la anomia estatal en la zona: no hay inspectores municipales, no hay control de obras y se han derogado ordenanzas que prohibían lotear a menos de 300 metros de la línea de ribera para favorecer negocios de hasta 500.000 dólares por lote.
Servicios: Vivir en el primer mundo, con infraestructura del tercero
A pesar de ser uno de los barrios más caros de la región, la realidad de los servicios básicos es crítica. Los vecinos denuncian un «gris» administrativo donde nadie se hace cargo de nada:
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Energía eléctrica: El sistema colapsa sistemáticamente. En verano, el barrio se ve obligado a alquilar generadores industriales porque la cooperativa de Mar de Ajó no da abasto.
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El engaño de las tasas: El municipio cobra una «Contribución Especial» que figura en la boleta como una tasa común, pero que es 10 veces más cara. Lo paradójico es que el municipio no brinda ningún servicio: ni recolección de residuos, ni seguridad, ni mantenimiento de calles, ni ambulancias. Todo es pagado doblemente por el vecino a través de las expensas.
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Caos en la playa: Para beneficiar a unos pocos propietarios de la «primera línea marítima», se han cerrado bajadas públicas, obligando a los usuarios de camionetas y cuatriciclos a desplazarse hacia la frontera con Pinamar, colapsando esa zona.
La tragedia de la desidia: El derrumbe y los nombres repetidos
El punto más oscuro de la gestión actual es la seguridad en las obras. El reciente derrumbe de una losa que terminó con la muerte de un obrero puso de manifiesto la falta de controles.
La pericia judicial reciente es demoledora: el apuntalamiento era insuficiente y no apto para el suelo de arena. Pero el dato que más resuena es el de los responsables: el licenciado en seguridad e higiene, Rubén Coniglio, es el mismo profesional involucrado en otras causas trágicas de la zona, como el caso de Fausto en Pinamar.
«Nadie controla. El municipio no tiene ni un inspector en Costa Esmeralda, y el barrio cobra un ‘canon de obra’ que supuestamente es para control, pero nadie hace nada», afirma Bonzo.
El futuro: ¿Progreso o depredación?
Hoy, Costa Esmeralda se encuentra en una encrucijada. Con lotes que empiezan a bajar de precio por la presión de expensas dolarizadas y la falta de servicios, el «motorcito» de la construcción empieza a frenarse afirma Bonzo.
Los vecinos, liderados por figuras como Bonzo y concejales de la oposición, preparan nuevas medidas de amparo. La pregunta que queda flotando en el aire de la costa es clara: ¿Se puede llamar progreso a un proyecto que arrasa con el medio ambiente y los derechos de los propietarios para beneficiar a un puñado de «socios» del poder?
Dato clave: La Justicia tiene ahora la palabra final sobre los 100 edificios, mientras los renders de lujo se siguen vendiendo sobre médanos que, según la ley, no deberían tocarse.
