«Vivimos en el paraíso, pero no podemos estar tranquilos»: El relato de un vecino de Pinamar sobre la inseguridad

Fabián Poladura, vecino de la zona de la calle Calíope y trabajador hotelero, relató el calvario que vive por los constantes hechos de vandalismo y robos. «En los últimos cinco años sufrí tres o cuatro episodios por año», aseguró.
PINAMAR – Lo que solía ser un destino de puertas abiertas y tranquilidad parece haber quedado en el recuerdo para muchos residentes permanentes de Pinamar. En una reciente entrevista, Fabián Poladura, un antiguo vecino de la ciudad y empleado del Hotel Cariló, describió un panorama preocupante donde la inseguridad, el ruido de las motos y el colapso de los servicios básicos empañan la vida cotidiana.
El ataque de las 18 botellas
Uno de los momentos más tensos del relato fue la descripción de un acto de vandalismo que Poladura sufrió en su propia casa, un día de franco a las dos de la tarde. «Escuché como si estuviera cayendo granizo, eran cinco pibes de unos 15 años tirando botellas contra mi casa. Tiraron 18 en total», detalló.
Tras perseguirlos y atrapar a uno de ellos en el monte, la respuesta que recibió por parte de la familia del menor fue lo que más lo indignó: «Vino la madre, que tiene un comercio en Ostende, lo cargó en el auto y se fue. Ni siquiera se acercó para pedirme disculpas o preguntarme qué rompieron», lamentó el vecino, destacando la «naturalización» de la violencia en los jóvenes.
«Ojos en Alerta» y el reclamo a las autoridades
A pesar del mal trago, Poladura destacó la eficacia del programa Ojos en Alerta. Según su testimonio, tras retener la mochila del joven para forzar la presencia de los padres, la policía y el servicio de alerta llegaron en menos de cinco minutos. Sin embargo, la efectividad policial parece ser solo un paliativo para un problema más profundo.
Al ser consultado sobre qué le pediría al Intendente, Fabián fue directo: «Que camine un poco más entre la gente. Eso te acerca al problema real». Para el vecino, el plan estratégico «Pinamar 2050» es una buena iniciativa, pero llega a destiempo si no se solucionan los «problemas del día a día».
Salud e infraestructura en el límite
Poladura también puso el foco en el crecimiento desmedido de la ciudad sin el acompañamiento de las obras necesarias:
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Cloacas: «Vienen 10 personas y tenemos un sistema para 5. La mierda cruza la ruta», graficó sobre el colapso sanitario durante la temporada alta.
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Salud: Si bien elogió el recurso humano del hospital local —«A mí me trataron muy bien», dijo—, señaló que la infraestructura quedó chica para la cantidad de habitantes actuales.
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Motos: Denunció que el ruido es constante y que los motociclistas utilizan los pasajes del bosque para evadir los controles policiales de la calle España.
Un cambio de perfil en el turismo
Finalmente, el vecino reflexionó sobre el cambio en el público que visita la zona. Recordó las épocas donde apellidos de renombre y familias tradicionales cuidaban el lugar, contrastándolo con el turismo actual: «El que viene ahora no cuida nada. Gente que antes venía un mes ahora vendió su casa y no viene más», concluyó con nostalgia.
