Violencia, Redes y Crisis Social: El Grito de Alerta de los Docentes Agredidos en Madariaga

Por las recientes agresiones a educadores, el distrito de General Madariaga fue escenario de un paro y movilización. Sheila Anzalone, directora de la Secundaria N° 1, analiza cómo la escuela se ha convertido en la «caja de resonancia» de una sociedad atravesada por la pedagogía de la crueldad.
La semana pasada, la comunidad educativa de General Madariaga dijo «basta». Una medida de fuerza distrital y una movilización visibilizaron una problemática que lleva tiempo escalando: la violencia de las familias hacia los docentes. El detonante fue un hecho gravísimo que sobrepasó todos los límites institucionales y penales.
Sheila Anzalone, docente, vecina de Pinamar y directora de la Secundaria N° 1 de Madariaga, advierte que estos episodios no son aislados, sino el reflejo directo de un entramado social roto.
El detonante: Un intento de homicidio y el rol de la justicia
El hecho que motivó el reciente paro distrital parece sacado de una ficción, pero ocurrió en la puerta de una escuela. Según relató Anzalone, una madre fue citada por el equipo directivo para conversar sobre cuestiones de convivencia escolar, una práctica habitual y protocolar. Sin embargo, en lugar de asistir a la reunión, la mujer esperó a la directora y a una maestra a la salida del establecimiento e intentó atropellarlas con su camioneta.
La situación se tornó aún más alarmante cuando, de acuerdo a la información compartida por las secretarías gremiales, un auxiliar de la justicia (aparentemente un fiscal) sugirió que la madre se había «desbordado» por culpa del accionar docente.
«Es muy grave porque es un intento de homicidio. Esta opinión de la justicia nos deja muy desprotegidos; la persona que agredió se siente habilitada y otras familias pueden pensar que, si le tiran el auto encima a un docente y no pasa nada, entonces pueden hacerlo», reflexionó Anzalone.
La propia directora vivió un episodio de violencia en carne propia el año pasado, cuando un familiar ingresó al colegio y la atacó a ella y a las preceptoras mientras intentaban resolver un conflicto menor entre dos alumnas.
La escuela como caja de resonancia
Para Anzalone, responsabilizar a la institución educativa por la violencia es un error de diagnóstico. «La escuela es una caja de resonancia de lo que sucede en la sociedad», afirma.
Hoy, los docentes no solo imparten contenidos académicos, sino que contienen el profundo padecimiento de los jóvenes. Entre las problemáticas más graves que los educadores enfrentan a diario, la directora enumeró:
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Autolesiones e intentos de suicidio: Una crisis de salud mental silenciosa (citando más de 10 suicidios de adolescentes en Pinamar el año pasado).
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Violencia intrafamiliar y precariedad económica: Familias que no logran cubrir sus necesidades básicas y descargan su frustración en la escuela, por ser la institución del Estado más visible.
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Consumo de contenido extremo online: Estudiantes con acceso a la «manósfera», foros incels y páginas internacionales que reivindican masacres escolares (como la de Columbine).
La transformación del paradigma escolar
Anzalone, basándose en autores como Gabriel Brener, explicó cómo el rol de la escuela secundaria cambió drásticamente tras la ley que decretó su obligatoriedad en 2006, dando ingreso a lo que Brener denomina «sujetos inesperados».
Hoy se le exige a la escuela que resuelva todos los males sociales, pero paradójicamente, «está menos dotada», explica la directora. Faltan recursos materiales, simbólicos y humanos, como equipos de orientación escolar en los turnos vespertinos, donde asisten los estudiantes más vulnerables.
La espectacularización de la violencia y la pedagogía de la crueldad
Otro factor crítico es el rol de las redes sociales. Anzalone trazó un paralelismo entre el asesinato de Fernando Báez Sosa en Villa Gesell y las peleas que los adolescentes organizan en plazas para grabarse. «Hay un goce de la crueldad, y cuanto más lastimado termina alguien, más espectacular es para las redes», sentenció.
Este fenómeno no es ajeno al clima político y mediático. La docente cuestionó el juzgamiento moral constante en los medios y redes —como ocurrió con el reciente y atroz femicidio de la joven Agostina, donde se cuestionó a la víctima y a su madre en lugar del asesino y del Estado— y señaló que los líderes políticos también fomentan este clima.
Cuando desde las más altas esferas del poder se avala la agresión y el maltrato hacia el que piensa distinto, los jóvenes absorben ese mensaje. «Hay una pedagogía de la crueldad vigente», concluye Anzalone. Frente a ella, los docentes de Madariaga exigen frenar la violencia, proteger a quienes educan y recordar que, pese a todo, la escuela sigue siendo el último gran refugio para miles de jóvenes.
