La «ola de robos» en Pinamar expone las fallas en la prevención y desata cruces políticos

Bajo la modalidad de «escruche» y hurtos que ya no discriminan zonas exclusivas, el incremento del delito en el partido enciende las alarmas de los residentes estables. Vecinos exigen respuestas concretas mientras la oposición apunta contra el plan de seguridad local.

Durante décadas, Pinamar construyó su prestigio sobre la base de tres pilares: sus playas, sus bosques y la promesa de una tranquilidad que resultaba imposible de hallar en las grandes urbes. Sin embargo, la llegada de la baja temporada ha dejado al descubierto una realidad que los habitantes estables padecen de forma cotidiana: el avance de una delincuencia silenciosa que mantiene en vilo tanto a Pinamar Norte como a las localidades vecinas de Valeria del Mar y Ostende.

Lo que durante la temporada alta muchas veces intenta matizarse o encapsularse para no ahuyentar al turismo, hoy brota en las asambleas vecinales y en las denuncias diarias de los residentes que sienten que la seguridad se convirtió en una promesa incumplida.

El «escruche» sofisticado: Casas vaciadas en minutos

La principal preocupación en el mapa delictivo local no son los asaltos violentos a mano armada, sino la proliferación de los denominados «escruches»: robos en viviendas aprovechando la ausencia temporal de sus moradores.

El modus operandi se repite: inteligencia previa para constatar que los ocupantes salieron a cenar o a pasear, barreteado rápido de aberturas (generalmente puertas balcón) y un saqueo veloz de elementos de alta tecnología, dinero en efectivo (pesos y dólares) y objetos de valor de fácil reventa.

La preocupación de los vecinos radica en que estos hechos ya no distinguen zonas. Áreas que históricamente se consideraban «inmunes» o seguras por su perfil socioeconómico alto, hoy son blanco recurrente de delincuentes que logran evadir los sistemas de monitoreo y el patrullaje preventivo.

«Vivimos en el paraíso, pero ya no podemos estar tranquilos. Dejás la casa dos horas para ir al centro y no sabés con qué te vas a encontrar al volver», sintetiza el crudo relato de un vecino de Pinamardiario Streaming .

El foco de la tormenta política: ¿Quién maneja la seguridad?

El incremento de los hechos delictivos reabrió un feroz debate político en el partido respecto a las responsabilidades y a la efectividad de las medidas de prevención implementadas por la gestión del intendente Juan Ibarguren.

Desde sectores de la oposición y especialistas en seguridad pública locales, han llovido duras críticas dirigidas a la intendencia, acusando al Ejecutivo de una supuesta «inacción» y de no haber materializado las promesas electorales, como el publicitado «Plan 360» de prevención integral.

El conflicto institucional

El nudo de la discusión gira en torno a las competencias y el uso de los recursos:

La postura crítica: Se argumenta que, si bien la Provincia de Buenos Aires aporta la infraestructura básica, los patrulleros y el personal policial, la ley que regula a las policías comunales faculta directamente al Intendente para diseñar la política de seguridad local, coordinar el despliegue de los recursos y trazar las prioridades operativas de los comisarios. Se denuncia una supuesta «distancia y falta de relación fluida» entre las autoridades municipales y los efectivos de calle.

La postura oficial: Desde el municipio se suele apuntar al desborde generalizado del conurbano y a la necesidad de mayor apoyo logístico provincial continuo fuera del Operativo Sol de verano, remarcando los esfuerzos de las patrullas urbanas municipales para colaborar con la policía en los corredores comerciales y residenciales.

Del delito complejo al hurto cotidiano

La tensión por la inseguridad en Pinamar tiene matices casi insólitos que reflejan el humor social. A la par de los robos de tecnología y divisas, en las localidades de Valeria del Mar y Ostende los comerciantes denuncian hurtos menores e ingresos a propiedades que exponen el impacto de la crisis socioeconómica general. Episodios como robos de mercadería a plena luz del día o ingresos a quinchos para sustraer comida de las parrillas forman parte de las crónicas policiales de los últimos meses, evidenciando que el problema de la seguridad cala de manera transversal en todo el frente marítimo.

Perspectivas para el invierno

Con una estructura de prevención que los vecinos señalan como «atada con alambre» para las dimensiones que ha tomado la ciudad fuera de la época estival, el desafío del municipio para los próximos meses es mayúsculo.

Los pinamarenses ya no se conforman con la colocación de nuevas cámaras de monitoreo aisladas; exigen un plan coordinado que devuelva la presencia policial efectiva a las calles oscuras del invierno atlántico. Mientras las promesas políticas se debaten en los despachos, la comunidad organizada empieza a tejer sus propias redes de alerta vecinal para cuidar lo que el Estado, por ahora, no logra blindar.