Pinamar inseguridad: Preocupación vecinal y un Intendente que «mira para otro lado»

Lejos de los flashes de la temporada, los residentes del partido denuncian una importante cantidad de delitos. Robos con ingresos forzados, falta de móviles y una gestión municipal que se escuda en la Provincia mientras la delincuencia se adueña de la ciudad.

Para el vecino que se queda todo el año, la postal de Pinamar hoy no es la playa, sino la reja. En lo que va de este otoño, el partido ha dejado de ser ese refugio tranquilo para transformarse en un escenario de incertidumbre. Mientras la administración de Juan Ibarguren se jacta en redes sociales de «obras históricas» y «conectividad», los barrios de Mar de Ostende, Valeria del Mar y las zonas residenciales de Pinamar se hunden en una ola de robos que parece no tener techo.

La realidad del vecino: «Nos roban y nadie viene»

Ya no se trata de los grandes «escruches» a turistas que ocupan los titulares nacionales en enero. Ahora, el blanco es el trabajador, el comerciante y el jubilado. En las últimas semanas, los reclamos se han multiplicado:

  • Ingresos violentos: Los delincuentes ya no esperan a que las casas estén vacías; fuerzan aberturas incluso con sus ocupantes dentro, aprovechando la nula presencia de seguridad.

  • Falta de patrullaje: «Acá las luces de las patrullas solo se ven en la Bunge o cuando hay algún evento político», denuncia un vecino de Ostende que sufrió tres intentos de robo en el último mes.

  • Zonas a oscuras: La falta de mantenimiento en el alumbrado público, que el municipio ignora sistemáticamente, se ha convertido en el mejor aliado de los delincuentes.

Un intendente ausente frente al delito

La bronca de la comunidad pinamarense apunta directamente al despacho principal de la calle Shaw. Los vecinos critican que Ibarguren mantiene el mismo discurso que su predecesor: «la seguridad es responsabilidad de la Provincia».

Sin embargo, la tasa de seguridad que los contribuyentes pagan puntualmente —y con fuertes aumentos— no parece volver en prevención. Mientras el Intendente promociona el uso de cámaras de monitoreo, los hechos demuestran que el Centro Integral de Seguridad (CIS) es más una herramienta reactiva que preventiva. «Las cámaras sirven para ver cómo se llevan tus cosas, no para evitar que lo hagan», resume con amargura un comerciante local.

El silencio que indigna

Lo que más duele en los barrios es el silencio oficial. No hay planes de contingencia para el invierno, no hay refuerzos de la Guardia Urbana en las zonas calientes y no hay una voz de mando municipal que exija a la Provincia lo que Pinamar realmente necesita.

Mientras tanto, los vecinos han tenido que recurrir a la autodefensa: grupos de WhatsApp en alerta permanente, y la triste resignación de saber que, una vez que el último turista se fue, Pinamar quedó a la deriva.

El balance es claro: Pinamar está creciendo en población, pero ese crecimiento no ha sido acompañado por una política de seguridad real. Si Ibarguren no entiende que gobernar es también cuidar al que vive aquí los 365 días del año, la «ciudad jardín» terminará convertida en una ciudad sitiada por el miedo.