Martin Viotti «Hablan de Pinamar 2050 y no pueden garantizar lo básico que es el agua»

La política contemporánea suele caer en la tentación de lo aspiracional para evadir lo urgente. En Pinamar, esta dicotomía parece haber alcanzado su punto crítico. El ex concejal y ex funcionario Martín Viotti plantea un interrogante que sacude los cimientos del Palacio Municipal: ¿puede una gestión jactarse de planificar el año 2050 cuando es incapaz de garantizar el suministro de agua o la seguridad básica en el presente?
1. La trampa del «Pinamar 2050»: Entre la visión y la evasión
Para Viotti, el ambicioso plan «Pinamar 2050» corre el riesgo de convertirse en un ejercicio de ilusionismo político. La planificación a largo plazo es una virtud administrativa, siempre y cuando no funcione como un mecanismo de distracción frente a las deudas del hoy. La crítica apunta a una gestión de Juan Ibarguren que parece más cómoda diseñando maquetas del futuro que resolviendo el colapso de las infraestructuras actuales. Proyectar una ciudad de vanguardia mientras los barrios periféricos —y no tan periféricos— carecen de servicios esenciales, revela una desconexión entre la agenda del despacho y la realidad del barro.
2. El síntoma de la «Apatía Administrativa»
Uno de los puntos más lúcidos del análisis de Viotti es la señalización de la falta de empatía. No se refiere a una cuestión de cortesía, sino a una falencia política estructural: la pérdida de la sensibilidad social. Cuando la gestión se tecnocratiza en exceso, el ciudadano deja de ser un vecino con necesidades para convertirse en un dato estadístico. Esta distancia emocional explica por qué problemáticas críticas como la falta de insumos en salud o la inseguridad creciente no encuentran respuestas enérgicas; parecen no encajar en el relato de «ciudad moderna» que el Ejecutivo intenta exportar.
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Los pilares rotos: Salud, Agua y Seguridad
La radiografía que traza el ex concejal es preocupante porque toca los nervios vitales de la comunidad:
La crisis hídrica: Un recurso básico cuya escasez denota años de desinversión y una alarmante falta de reflejos ante el crecimiento poblacional.
El sistema sanitario: Un hospital que funciona como termómetro de la gestión y que hoy muestra signos de agotamiento, dejando al vecino en una situación de vulnerabilidad extrema.
La precariedad laboral: La incapacidad de generar políticas que trasciendan la estacionalidad veraniega, condenando a Pinamar a ser una ciudad «fantasma» o de supervivencia durante ocho meses al año.
La intervención de Martín Viotti invita a una reflexión necesaria: la eficiencia de un intendente no se mide por la grandilocuencia de sus promesas a treinta años, sino por la dignidad que es capaz de garantizar hoy. La gestión de Ibarguren enfrenta el desafío de demostrar que detrás del marketing y los planes estratégicos hay un gobierno con los pies en la tierra, capaz de escuchar el reclamo de una sociedad que se siente, cada vez más, habitando una ciudad que ya no le pertenece.
